JacquelineB.
While napping earlier today, I dreamt the idiot people of the world didn't want to give up their closet space to save the world from total annhilation. By throwing out all of their unnecessary crap into the Pacific ocean, they could help stop (or at least slow down) the accelerated rising levels of sea water from the Atlantic. Don't ask why.

You see, the continents were literally drowning. Canada was "shipping off" to join the new earth crust that had been formed near Europe, where the rest of the continents were joined together to form a new version of Pangaea. Already the Americans had "bought" their ticket to safety and deserted their land with cowardice, with no interest of helping anyone but themselves. Shocking, huh?

Mexico and South America were doomed. Our only hope, which was my sole mission, was to dig a deeper Panama Canal so both the Atlantic and Pacific oceans would mesh together in order to stabilize themselves into the same sea level and stop the drowning.

So, there I was, trying to save the world with a shovel. And no one would help, of course.

*Note: This was a dream and I'm not a geologist, so no judging on the logic.
JacquelineB.
Entrada número 150.
A muy poco de cumplir cinco años de tener este blog.
Y estoy totalmente seca de ideas.
Qué cosas.
JacquelineB.
Hablé de lo malo. Hablé de mis heridas, los viejos momentos, los recuerdos de represión. Algunos de los malos momentos sé que salieron a la luz, junto con la carga y las historietas del ayer. Mucho sobre el pasado, mucho sobre mi presente pensante del pasado. Fue poco en duración, pero mucho en contenido. Hablé sobre el deslindaje de esto y el otro, de los aquellos. Pude, pero no quise decir más... Está bien: Quise, pero no pude decir más. Los miedos, las entrañas, el apretujar de los párpados cuando llega a la conciencia la memoria de todo eso. Acerca de mi discapacidad de soltar lo que retengo. Sobre el apego-desapego de las cositas de la vida y también las cosotas. Qué cosas.

Me salvo, porque también hablé de lo bueno. Se pudo saber sobre lo que me gusta y lo que solía gustarme. Hablaba sobre las dichas y los deseos, la belleza de las cosas actuales y las antiguas. No sé cómo me perdí entre uno y otro tema, la conversación parecía infinita. Platiqué conmigo misma... Sí, en voz alta y todo. Bien, un tercero no me cayó nada mal, después de tanto encerrar los pensamientos. Pero, así, sentí como si fuera una charla (aunque limitada por mis neurosis) real. Y, curiosamente, eso es de lo que más necesito ahora. Lo real, palpable y evidente.
JacquelineB.
La capacidad de asombro me parece el motor de la vida, el temblor que origina todo. No puedo concebir la mirada o el tacto como algo rutinario. Si pudiera dar un buen consejo, citaría directamente a Oliverio Girondo: Confecciónate una virginidad cada veinte minutos. Me parece un gran consejo existencial, una buena filosofía de vida.

En cuanto a las experiencias diarias, es cuestión de gustos: A mí me aburren si son muy evidentes. Cuanto más se parece una experiencia a una masturbación, menos calienta, por ponerlo de una manera. Si siguen imitando a todos aquellos que hablan de conservar, acabarán pareciéndose a la Gioconda. Entonces, la vida nos parecerá un modelo clásico y completamente previsible.

Por otro lado, diría que la belleza es reciclable como el papel. Pero hay, cada siglo o dos, una de esas bellezas eternas y sólo algunos de nosotros tenemos la dicha de topárnosla. Lo reciclable exige utilizar el pasado y renovarlo a partes iguales, pero lo eterno nadie se atreve a compartirlo.

¿Yo? Me considero estéticamente promiscua, quiero encontrarle la belleza a todo. Y por quererlo así, termino encontrándola. La técnica no es difícil. No tengo idea de dónde surgieron todas estas inspiraciones que me hacen llevar mi vida como la llevo, y espero no llegar a averiguarlo nunca. El inconsciente hace maravillas con nosotros y hay que dejar que lo siga haciendo.

La vida no nos cae, hay que buscarla. Los amantes no se eligen, hay que merecerlos.

Yo creo que la clave aquí es igualmente simple. Todo está en tocar, escuchar, mirar, oler y degustar con más atención. Ahí, una da cuenta de que la vida es más que una secuencia de días a ser vividos, sino que es todo eso sumado a un pedazo de carne y alma que no saben vivir una sin la otra. Es como tratar de separar los poemas narrativos, las narraciones líricas, las novelas fragmentarias: Si una se abre a los contenidos, puede ver su estética singular y saborear su pluralidad al mismo tiempo.
JacquelineB.
[despreocuparse prnl. Salir o librarse de una preocupación; desentenderse de algo o alguien.] 

...Y es justo lo que pretendo hacer. Verdad es que, en los últimos años, parece ser que la he vivido sumergida en agua de pantano, putrefacta e imposible. Se siente como si una nunca fuera a salir de ahí, jamás. Quizá no es tan exagerado, pero lo que quiero decir es que me sentía ahogada, torturada, amarrada. No se podía respirar ni mover, porque las cosas se ponían incluso peor. Lo mejor que se podía hacer en tal escenario era dejarse ir, para al menos sobrevivir lo más que se pudiera, pero al final del día: No había salida y sólo esperaba al hundimiento total.
 
Ese pantano no me tragó completa; fue como un milagro. No me he salido de él, simplemente las cosas se deformaron, para tomar forma otra vez, después. Como si algo me hubiera hecho reaccionar, y ahí, entre los químicos y el lodo, fue como si el agua se hubiera destilado para convertirse en el estanque de agua más pura y fresca en la tierra. Y en lugar de luchar por comerme el oxígeno que pudiera, me dejaba sumergir en ella hasta el cansancio. Era 'extasiante', cristalina, como la inagotable brisa de libertad que todos anhelan. Y en esa jovial humedad, mis preocupaciones desistieron.
 
Tenía miedo por aquellos, por éstos, por los de ahí y el de allá. Temía por los míos, los suyos, lo que escondía y hasta lo que no me pertenecía. Me asustaba el no tenerlo cerca, perder sin razón, lo de allá y lo del entonces. Y estaba espantada por mí misma, por mi culminación de culminaciones, la más grande de todas se me iba a acabar y no podía detenerlo. Lo que me definía, lo que me regocijaba, lo que me alimentaba en los días y me acariciaba en las noches, estaba a un paso de agotárseme. Todo estaba encima de mí; no podía quedarme quieta, cruzar los brazos y esperar mi demolición. Había problemas hasta en el aire inrespirable. Todos los dibujos, los sueños y las figuritas en prosa se empezaban a triturar entre ellas.
 
Hasta que me hice impermeable, y esa naturaleza se hizo de mí. Empapada y limpia, salí del estanque a reposar mi cabeza sobre una piedra y mis pies sobre el pasto verde. De las sombras se colaban las hojas que no aguantaron el frío y cayeron sobre mi cara. Y por allá, las aves posaban en la copa, y si antes pensaba que se burlaban de mí, y que aleteaban para borrar el cielo, y que cantaban para ahogar el silencio del tiempo... ahora las escuchaba invitarme a subir.

No era mi disposición el olvidar, no busqué el calor ni los remedios. El santuario llegó a mí sin esperarlo y este bosque se convirtió en mi almacén de vivencias. Había de todo en él: personas coloquiales e inmunes, materia haciendo el amor y la guerra simultáneamente, seres sonriendo y comiendo de la vida. Dejé que la respiración testamentara. Voy olvidando el brillo de tus estrellas... Y, de tanto asfixiarme de culpabilidad, me siento a contar, en vez, los segundos que marcan la naturalidad y cómo camino ahora sobre ella.