Ese aire que dices ser existente se trata mada más y nada menos que de una pequeña soñadora dispuesta a escribir de vez en cuando; pues si me permitieras unos minutos, te contaré todas mis travesuras. Te impresionará lo que ésta puede hacer con sus manos en diferentes climas y meses... y así empieza.Lo que más me encanta es ser entendida como la peor enemiga de los cabellos arreglados; me encanta destruir y hacer polvo horas de narcisa dedicación, de tal vanidad.
Me gusta mezclarme adentro de los aromas, en especial ese de los amantes clandestinos, escondiéndose de los últimos rayos del ocaso, y posarme en las copas de los árboles y espiarlos, refrescarlos... es increíble. Cuánto me consumen en su jadear espontáneo, exhaustivo, folclórico y sensual. En especial, esos amantes son mis preferidos, porque son como niños que juegan a ser insaciables, a ser perfectas víctimas del amor inocente.
¿Qué más puedo decirte de todo esto? Soy cómplice voluntaria y siempre presente, testigo de amores y desamores derramados en toda la extensión del cuerpo, en las manos y los brazos; tiempo después tomo el papel de niñera, buscando montones de hojas secas en otoño, para jugar con ellas a ser mágica, tierna y simpática. Soy también la que acaricia llanuras y pastizales cuando tu corazón palidece. Te llevo a soñar tiempos mejores, unida a tu carne que está unida a mi pluma. Soy quien hace dueto con el mar, para brindarte brisa y espuma refrescantes, que bañen tu piel seca, mareada de caricias nocturnas, de amores furtivos, limpiándote todo recuerdo indeseado, inexpresivo, incalculado.
Es en invierno cuando me lleno de melancolía. Me torno azul y blanca, me expando y me hago más densa, más reflexiva. Es en invierno cuando deseo abrazarlo todo, cubrirlo todo, humedecerlo todo... y creo lograrlo. Es mi culpa y mi misión llevarme memorias de pequeños y viejos; termino con sus penas y permito que me culpen, para que los hombres alcancen a tocar sus corazones y midan el frío dentro de ellos, y no del mío, para hacerlos brillar de nuevo con lágrimas que encenderán sus almas nuevamente. Los vapores de la boca derriten nuestras plantas, para cederle el lugar a la siguiente estación.
Primavera: la misión mayor. Todo mundo es parte de la obra máxima de la vida, la multiplicación de sus seres, animales, plantas, hombres, aguas, deshielos, cataratas. Me escondo debajo de tus manos, tibia y a veces caliente, te recito todos los poemas que puedan existir en cada una de las células vivientes en tu cuerpo. Por si no lo sabías, estas células forman parte fundamental de tus ideas, y son estas ideas las que traen nuevos amores, que son los más duraderos.
Es muy gracioso llegar al verano, como ahora, pues me torno seca. Puedo escucharte en torbellinos y huracanes, a pesar de la sequedad. Peleo en las alturas conmigo misma, con las lluvias de monsón y una vez más, doy y quito vidas, las evaporo, las renuevo. Y sin embargo, existo como la lluvia interminable, infinita, como la voz saliente de tus pulmones, al llorar, al amar, al odiar, al cantar. Y lo que más me encantará de ti es tu silencio al caer la noche, al danzar con los lunares y la sangre, al danzar conmigo.
Es en invierno cuando me lleno de melancolía. Me torno azul y blanca, me expando y me hago más densa, más reflexiva. Es en invierno cuando deseo abrazarlo todo, cubrirlo todo, humedecerlo todo... y creo lograrlo. Es mi culpa y mi misión llevarme memorias de pequeños y viejos; termino con sus penas y permito que me culpen, para que los hombres alcancen a tocar sus corazones y midan el frío dentro de ellos, y no del mío, para hacerlos brillar de nuevo con lágrimas que encenderán sus almas nuevamente. Los vapores de la boca derriten nuestras plantas, para cederle el lugar a la siguiente estación.
Primavera: la misión mayor. Todo mundo es parte de la obra máxima de la vida, la multiplicación de sus seres, animales, plantas, hombres, aguas, deshielos, cataratas. Me escondo debajo de tus manos, tibia y a veces caliente, te recito todos los poemas que puedan existir en cada una de las células vivientes en tu cuerpo. Por si no lo sabías, estas células forman parte fundamental de tus ideas, y son estas ideas las que traen nuevos amores, que son los más duraderos.
Es muy gracioso llegar al verano, como ahora, pues me torno seca. Puedo escucharte en torbellinos y huracanes, a pesar de la sequedad. Peleo en las alturas conmigo misma, con las lluvias de monsón y una vez más, doy y quito vidas, las evaporo, las renuevo. Y sin embargo, existo como la lluvia interminable, infinita, como la voz saliente de tus pulmones, al llorar, al amar, al odiar, al cantar. Y lo que más me encantará de ti es tu silencio al caer la noche, al danzar con los lunares y la sangre, al danzar conmigo.




