Quizá lo único que necesitaba era escuchar su voz. Creo que, en la voz, se proyecta lo que está sintiendo el alma. No sabía cómo iba a reaccionar, a pesar de saber de las heridas pasadas. Pero no busco abrir heridas, busco sanarle todo lo que haya que sanar. Tengo una convicción, pero también es mi secreto. No hay nada malévolo, nada maquiavélico que encontrar. Soy abierta, sincera, pero despistada. Ah, los defectos. No se le acaban a esta niña de siete años. No me culpes, soy risueña y tonta.
Pero, como en todo, he de encontrar mi salida. Si no se escucha mi sonrisa, es porque la escondí lejos de tí, en un contraste entre el sol que no se ve y la lluvia que permanece en la ciudad. Pero muy dentro, sigo siendo cálida y sigo latiendo sin sentido. No sé de dónde salió todo, parece ser mera confusión. Sí es mi culpa. Cúlpame, pues. Soy risueña y tonta, pero soy sincera. "Íntegra". ¿Qué me importa si dejo pequeñas pistas? ¿Qué es lo peor que puede pasar si dejo un camino de migajas? Yo también busco una casa de dulce. Seguro llegaremos a la misma. Te la compartiría, ¿sabes?

No, nadie me quitará mi sonrisa. Y tranquila no soy, pero puedo permanecer con la cabeza limpia y sembrar serenidad. Puedo no atormentarme de pensamientos, porque sé que sólo me pudro la cabeza con ideas que ya pertenecen en el ayer. Ya no soy así, tengo años de haber cambiado. Era un títere. Me deberías conocer ahora. Qué bárbara, toda una artista. Pero, a la hora de pasar al frente y repasar el acto, no le sale. No le sale porque no es ella. Ella, la de verdad, se esconde detrás de las bambalinas. No por miedosa, lo hace con toda intención de que alguien la vaya a buscar. Pícara.
Se mojó la foto que tengo de ti a un lado de mi cama. Pero, por alguna razón, tu cara está intacta. Son los ojos más sinceros que he visto, por eso me escondo de ellos. "Busca mi mirada aunque te la esconda", alguna vez escribí. Son juegos, nada más. Los jugué hace mucho, ya perdí la práctica. No quiero que me descubras tan pronto. Aunque, en un dos por tres me encontrarías, de nada sirve que me agache. Si estando parada...
No sé cómo moderar la tormenta, eso sí. Eso no.
Pero, como en todo, he de encontrar mi salida. Si no se escucha mi sonrisa, es porque la escondí lejos de tí, en un contraste entre el sol que no se ve y la lluvia que permanece en la ciudad. Pero muy dentro, sigo siendo cálida y sigo latiendo sin sentido. No sé de dónde salió todo, parece ser mera confusión. Sí es mi culpa. Cúlpame, pues. Soy risueña y tonta, pero soy sincera. "Íntegra". ¿Qué me importa si dejo pequeñas pistas? ¿Qué es lo peor que puede pasar si dejo un camino de migajas? Yo también busco una casa de dulce. Seguro llegaremos a la misma. Te la compartiría, ¿sabes?

No, nadie me quitará mi sonrisa. Y tranquila no soy, pero puedo permanecer con la cabeza limpia y sembrar serenidad. Puedo no atormentarme de pensamientos, porque sé que sólo me pudro la cabeza con ideas que ya pertenecen en el ayer. Ya no soy así, tengo años de haber cambiado. Era un títere. Me deberías conocer ahora. Qué bárbara, toda una artista. Pero, a la hora de pasar al frente y repasar el acto, no le sale. No le sale porque no es ella. Ella, la de verdad, se esconde detrás de las bambalinas. No por miedosa, lo hace con toda intención de que alguien la vaya a buscar. Pícara.
Se mojó la foto que tengo de ti a un lado de mi cama. Pero, por alguna razón, tu cara está intacta. Son los ojos más sinceros que he visto, por eso me escondo de ellos. "Busca mi mirada aunque te la esconda", alguna vez escribí. Son juegos, nada más. Los jugué hace mucho, ya perdí la práctica. No quiero que me descubras tan pronto. Aunque, en un dos por tres me encontrarías, de nada sirve que me agache. Si estando parada...
No sé cómo moderar la tormenta, eso sí. Eso no.



